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Vocación Monástica

EXIGENCIAS Y PROCESO DE DISCERNIMIENTO

Existen unas condiciones indispensables en el candidato: tener capacidad de convivencia, amor a la oración, la lectura, el estudio y el trabajo; tener un temperamento equilibrado y ser responsable y comprometido. La mejor manera de saber si uno tiene vocación para la vida monástica es conociéndola en una comunidad particular, pues la vocación monástica implica vivir esta forma de vida con una comunidad específica, única e irrepetible. El interesado debe buscar la mejor orientación posible y orar con insistencia a Dios para que le ayude a discernir la veracidad de su llamado.

   “Para entrar a formar parte de la comunidad, se requiere, fundamentalmente, sentirse llamado por el Señor a buscarlo con sinceridad por el camino monástico”

En la Abadía de San Antonio Abad existen ciertas etapas en el proceso de discernimiento para una posterior integración a la comunidad.

Primera Etapa
Al principio, un tiempo de contactos con los monjes para posibilitar el mutuo conocimiento. Incluye convivencias durante fines de semana. Cuando el interesado determina explorar más seriamente la vida monástica, dichas convivencias se fijan una vez por mes (candidaturía externa).
Segunda Etapa
Segunda etapa: se da la iniciación en la vida monástica como candidato interno por un tiempo corto (5 meses viviendo en el monasterio).
Tercera Etapa
La tercera etapa de este proceso comprende el noviciado, donde el novicio se consagra por un año (como mínimo) al estudio de la Regla de San Benito y la espiritualidad monástica que posibilita un claro discernimiento de la vocación.
Cuarta Etapa
La cuarta etapa implica la profesión temporal, es decir, la profesión de votos monásticos por tres años, tiempo en que se continúa la formación y se atiende también a la profundización teológico-patrística.
Quinta Etapa
La quinta etapa es la de profesión solemne, donde se da el compromiso definitivo de vivir como monje en la comunidad mediante la reiteración de los votos monásticos antes emitidos sólo por tres años. Estos votos son, como ya hemos adelantado, los de estabilidad (vida estable en el monasterio), conversión de costumbres (vivir como monje) y obediencia (al Abad y siguiendo la Regla de San Benito).

Un monje que llegue a esta etapa puede ser ordenado sacerdote si, después de un adecuado discernimiento, se constata que es llamado por el Señor a ese ministerio. La vida monástica no implica de suyo ni tiene como meta el sacerdocio. La vocación sacerdotal no es necesaria ni suficiente por sí sola para determinar el ingreso al monasterio. Los monjes sacerdotes ejercen su ministerio en forma subordinada a su condición de monjes, de manera que su ordenación no fundamenta ningún régimen de excepción en cuanto a observancias se refiere o en cuanto al ejercicio de cargos.

Oración litúrgica, lectio y trabajo, orientados por entero a la búsqueda de Dios, exigen un ambiente que posibilite esta actitud permanente de escucha y diálogo permanente con Él y de distanciamiento saludable de las distracciones y ruidos del mundo. Es por ello que tienen importancia central el retiro, momentos de soledad y silencio. Del mismo modo, como gran ayuda para vivir la fraternidad de los que forman la familia monástica, para perseverar en la oración, e igualmente como requisito para la disponibilidad y la acogida a los hermanos de afuera, la estabilidad en la comunidad (y en el monasterio) es elemento fundamental de la vida benedictina y uno de los rasgos más característicos de toda vida monástica. También, la obediencia y la conversión de costumbres (donde están incluidas la pobreza y la castidad), son esenciales para esta forma de vida consagrada. La estabilidad, la obediencia y la conversión de costumbres son los votos que un interesado debe profesar para incorporarse a la comunidad como monje. Dichos votos se comprenden y se viven como un intento por conformar radicalmente la propia vida a la vida de Cristo.